viernes, julio 27, 2001

El invento iquiqueño del siglo

Varios años atrás, Don Francisco tuvo la ocurrencia de decir en su programa Sábados Gigantes, que el reloj del cerro Esmeralda en Iquique aparecía en el libro de Guiness por ser el más grande del mundo.
Si bien ostenta ese récord, nunca apareció en el libro, pero desde hace pocas semanas recibió nada menos que el título de patente de invención. Esto significa que nadie, en ninguna parte del mundo, podrá imitar esta iniciativa de Guillermo Morales Armas. El desarrolló la idea por bastantes años, luego la llevó a la práctica y desde hace ocho años que se tramitaba la patente, que el propio Morales la compara con el título que puede recibir cualquier profesional.

RELOJ

Tanto el reloj, como la pizarra de avisaje que está al lado, se manejan por un computador ubicado en el domicilio particular de Morales y se transmite vía módem al cerro, donde hay instalado otro computador decodificador. Las dimensiones son sorprendentemente grandes; 110 por 30 metros en el caso del reloj y 300 por 21 metros mide la pizarra, lo que según Morales constituye la gran carta a favor del invento, además del escaso gasto de energía. "En Las Vegas hay letreros luminosos de más de cien metros, pero al alejarse cinco kilómetros sólo se ve un resplandor. Este, en cambio, puede ser visto desde muchos kilómetros sin perder nitidez. Lo ven hasta de las goletas cuando vienen llegando a Iquique", manifiesta el inventor.

ENERGIA

También es sorprendente el hecho que sólo se trate de ampolletas de 25 Watts las que formen números, letras y figuras gigantes. "Con siete ampolletas, separadas por cinco metros cada una, hago el número uno del reloj", asegura. En el caso de la pizarra de avisaje, las ampolletas están separadas por tres metros y se manejan a través de un software instalado en el mismo computador. En el Cerro habita una persona que está encargada de cuidar las instalaciones y mantener el sistema eléctrico, que a veces se deteriora por fenómenos climáticos o por el paso de perros vagos.

NO MAS COPIAS

Son 144 los países que están sujetos al tratado de París, por el cual se rige la propiedad de invenciones como ésta. Por lo tanto, cualquier idea que posea las características del reloj y pizarra iquiqueños, no se podrá materializar porque se incurriría en un delito económico. Ni siquiera podrá hacerlo la autoridad, ni menos algún candidato político, que ya se había advertido hace algún tiempo, cuando la patente aún estaba en trámite. El documento entregado por el Departamento de Propiedad Industrial del Ministerio de Economía, Fomento y Reconstrucción, reconoce que Morales es el único creador de "un letrero luminoso de grandes dimensiones para ser observado desde grandes distancias, el que ofrece un consumo de energía menor que sus similares". Estará vigente por 15 años a partir de abril de este año, y durante los cuales, se le podrán hacer innovaciones.
El inventor y propietario de la empresa Publicerro precisa que para que se logre una patente de invención se deben cumplir dos requisitos fundamentales, que sea una novedad y que aporte al grado de la técnica. El reloj y la pizarra instaladas en el cerro, evidentemente constituyen una novedad y su aporte a la técnica del reloj, es que gastan 640 veces menos energía que lo conocido.

PROYECTOS

El gran desafío pendiente de Guillermo Morales es instalar un reloj que pueda ser visto durante el día, puesto que el actual sólo se advierte desde las 19 horas hasta la una de la madrugada. "Tengo lo necesario para llevarlo a cabo, pero falta auspicio", reconoce. Agrega que gran responsable del logro del actual reloj es la empresa General Supply, que aporta económicamente desde los inicios de la idea, hace ya una década. Entre otros proyectos a futuro están Publié y Publimar. La primera consiste en llevar a cabo la misma idea en edificios de gran altura, que en Iquique prácticamente no existen. La otra es aún más ingeniosa, una pizarra luminosa de 200 metros que navega desde Viña a Valparaíso, arrastrada por una lancha y que puede ser vista desde ambas ciudades. "Tiene muchas más utilidades que la pizarra del cerro, porque además incluirá gente a bordo de la lancha y la transmisión de programas radiales desde el interior", expresa.

GUINESS

Guillermo Morales asegura que la ocurrencia de Don Francisco tuvo algo de verdad, pues realmente intentó aparecer en el libro de los récords, pero con un final para la risa. "Envié una postulación a Inglaterra, pasaron varios meses y no recibí respuesta. Después postulé al libro de Guiness de Estados Unidos. Al otro mes me llega una carta de Inglaterra diciéndome que la solicitud no se va a poder cursar porque hay un invento similar solicitado en Estados Unidos y que pertenece a Guillermo Morales", afirma el ingenioso inventor entre carcajadas.

Camilo Aravena A.